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Desde la llegada de Colón a estas tierras comenzó un intercambio de material vegetal de una parte del mundo hacia la otra. Es así que América aportó a Europa especies comestibles de indudable valor como el tomate, la papa, el maíz, la mandioca, etc. y Oriente nos ofrecía a cambio el trigo, el centeno, la avena, etc. Posteriormente comenzó la identificación, estudio y clasificación de plantas extracontinentales. Se crearon grandes jardines botánicos que servían para mantener "in vivo" muchas especies recolectadas en otros lugares, adaptando las condiciones de cultivo para su supervivencia. Como siempre los grandes intereses económicos comenzaron a actuar y es así que se realizaron, para esa época ( siglo XVIII y XIX ) grandes contrabandos de especies, debido a lo cual comenzaron a aparecer, posteriormente, los campos experimentales en los países de origen del material. A comienzos del siglo pasado, a partir de las investigaciones del monje Gregor Mendel fue posible comprender las bases genéticas de la selección y de ese modo darle un marco científico a procesos que el hombre ya observaba desde hacía mucho tiempo pero que no se explicaba el por qué de su ocurrencia. La propia civilización fue posible cuando las tribus nómadas aprendieron a domesticar plantas y animales. Mucho antes que la genética existiera como disciplina científica, los hombres se interesaban por la herencia de rasgos deseables e indeseables de la población humana, seleccionaban los granos de mayor rendimiento y vigor y animales de mejor piel o carne. Existen datos de que los asirios ya realizaban cruzamientos entre plantas y mucho más cerca en el tiempo, las grandes civilizaciones indígenas americanas, realizaban con éxito el mejoramiento de, por ejemplo, el maíz. En la segunda parte del siglo XX aparece lo que se denominó la "revolución verde", con la obtención de variedades de trigo y de arroz enanos y de alta producción, siempre y cuando fuera asociado su cultivo a la aplicación de determinadas tecnologías, como ser un uso elevado de fertilizantes, plaguicidas y maquinaria especial. Es así que se produjeron grandes problemas asociados a la adquisición de dicha tecnología en los países que necesitaban de una alta producción para hacer frente a la demanda de alimentos de su población, especialmente en países en desarrollo. El trascendente hito del descubrimiento de la estructura de la molécula de ADN por Watson y Crick ( 1953) produjo un cambio fundamental. Se descifró el código genético y la genética molecular conjuntamente con técnicas apropiadas comenzaron a intervenir en la mejora de especies animales, vegetales y se fueron sucediendo grandes avances en el campo de la genética humana. En los últimos años los avances de las técnicas biotecnológicas han llevado a crear bacterias y hongos que poseen genes humanos para producir determinadas hormonas, como por ejemplo, la insulina, la hormona del crecimiento y el interferón o la utilización de animales como biorreactores para producir fármacos de alto valor, o las especies transgénicas vegetales, como el tomate "larga vida", la soja RG, resistente al herbicida de amplio espectro glifosato y el maíz Bt resistente a plagas animales La sofisticada tecnología de la genética molecular nos ha suministrado un amplio espectro de técnicas ( biotécnicas o bioensayos ) debido a lo cual las grandes empresas farmacéuticas están interesadas en el estudio de la biodiversidad. Se calcula que unas 120 sustancias extraídas de unos 90 vegetales sirven de base para medicamentos utilizados en todo el mundo y que alrededor de 60 de esas especies se encuentran en los bosques tropicales o templados. De cualquier manera esto representaría, según algunos cálculos, sólo el 5-7 % de todo el potencial bioquímico de las plantas superiores tropicales. Cuando se habla de biodiversidad generalmente se dan cifras que muchas veces no son ciertas, o bien no se puede comprobar su certeza. Es así que se habla que solamente el 1% de las especies presentes en la naturaleza han sido estudiadas. No debemos olvidar que dentro de las especies vivas debemos incluir no solo a las plantas y animales superiores, sino también a los más pequeños, como las bacterias, virus, etc. El 5 de junio de 1992, en Río de Janeiro, se firma la Convención sobre Biodiversidad, que en su primer artículo expresa: " Los objetivos de esta Convención, que se persiguen por medio de sus disposiciones pertinentes, son la conservación de la biodiversidad, el uso sustentable de sus componentes y el compartimiento justo y equitativo de los beneficios derivados de la utilización de recursos genéticos, mediante el acceso racional a estos recursos y la transferencia apropiada de las tecnologías pertinentes, tomando en cuenta los derechos sobre recursos y tecnologías, y mediante financiamiento adecuado. Posteriormente, el 15 de abril de 1994, en Marruecos, se firmó el Acuerdo TRIPS que tiene en cuenta los aspectos vinculados con la comercialización de derechos de propiedad intelectual. En estos tiempos, donde los países que poseen la mayoría de las especies, se han estabilizado políticamente y algunos de ellos respetan las patentes, las grandes empresas farmacéuticas han comenzado ha concretar programas de investigación para la obtención de nuevos fármacos a partir de extractos de plantas ubicadas en esos países. El caso de los recursos biológicos es muy especial: estos se hallan distribuidos principalmente en los países del Sur que no poseen, en la mayoría de los casos, la tecnología para hacer uso de ellos. Entonces aparecen los contratos de prospección de la diversidad biológica o contratos de bioprospección. El proceso de bioprospección involucra tanto a las industrias farmacéuticas como a centros de investigación, universidades, políticos, recolectores individuales, organizaciones no gubernamentales, industrias de aparatos bioquímicos, etc. Hasta hace muy pocos años ( antes de la Convención sobre biodiversidad ) se consideraba a los recursos genéticos vegetales, especialmente, como patrimonio de la humanidad y por lo tanto de libre acceso a cualquiera que los necesitaran. A partir de la consideración que los Estados tienen soberanía sobre sus recursos naturales, como se realizaba para recursos como por ejemplo el petróleo y los minerales, que permitieron a los países poseedores acumular riquezas, también se incluyen en la actualidad los recursos naturales genéticos, expresados fundamentalmente en términos de biodiversidad. A medida que se destruye el hábitat natural se reducen las opciones de toda la humanidad. La bioprospección, cuando se realiza con cuidado, podría desempeñar un papel importante en la posibilidad de conservar intactas nuestras opciones o las de las generaciones futuras. De cualquier manera habría que considerar algunos aspectos para que los beneficios que podrían resultar de la bioprospección no llevaran al fracaso. En primer lugar habría que analizar el objetivo de la bioprospección en cada caso particular. La mayor parte de los acuerdos se basa en el descubrimiento de compuestos activos con posibles usos en farmacología. Si bien este es un campo muy importante debemos considerar también el relacionado con la veterinaria, la agricultura y el desarrollo agrícola. O sea, todo lo directamente relacionado con algún compuesto o gen individualizado para ser transferido a un cultivo ya establecido y utilizado comercialmente, como de aquello derivado de los estudios y experimentación de los métodos de cultivo de especies de las cuales todavía se obtiene el compuesto útil directamente. También los posibles usos de la bioprospección, en lo que se refiere al descubrimiento de microorganismos, podría ser de especial relevancia en el campo de la industria, como actualmente se realiza para el tratamiento de los residuos derivados de la industria del petróleo, limpieza de aguas servidas, tratamiento de residuos, etc. Es en el campo de los microorganismos donde se debería poner mucho énfasis debido al potencial manejo que de ellos se puede realizar, debido a su relativamente fácil manipulación si lo comparamos con los vegetales y animales superiores. Las biotecnologías podrían aplicarse, en una primera etapa, por ejemplo, en la investigación sistemática de las especies que se encuentran en un determinado sitio. Si le unimos la estrategia planteada por algunas empresas de llevar la tecnología para realizar los primeros ensayos al mismo lugar de investigación, ya no se estaría entregando el material natural en bruto y se estaría dando un paso adelante en la utilización de los recursos y en los presupuestos de la Convención sobre Biodiversidad. La bioprospección es un sector en donde intervienen una gran variedad de materias , como ser la biología, la genética, la química, la taxonomía, etc. además de las ciencias del ambiente. La educación en estas áreas es indispensable para lograr resultados en el futuro. Un país en desarrollo, con gran capital en biodiversidad, actualmente no explorada, deberá diseñar estrategias para hacer frente a posibles contratos de bioprospección. En primer lugar se deberá saber una estimación de los recursos que se poseen, tanto los naturales a explorar, como aquellos humanos, científicos, tecnológicos, económicos, etc. que estarán involucrados en la bioprospección, para posteriormente encarar una política que esté de acuerdo a esos medios de los que dispone. Los campos de la bioprospección son muy amplios y no debemos limitarlos solamente al descubrimiento de alguna sustancia para la obtención de algún fármaco milagroso ( actualmente se calcula que 1 de 80.000 muestras es potencialmente útil en este campo, y que luego pueden pasar de entre 10 a 30 años para la comercialización del remedio) o de algún gen para transferir en alguna especie cultivada, sino que están relacionados con la educación y la capacitación de técnicos, como así también con la utilización de nuevas tecnologías en diversos campos de la ciencia. Esta es una inversión a largo plazo en donde los gobiernos y la comunidad toda deberán establecer políticas y estrategias para llevar a cabo en el corto y mediano plazo para hacer frente a la complejidad de los contratos que pudieran suscribirse. Por otro lado, habría que agregar todo el caudal de conocimientos indígenas, especialmente aquellos relacionados con la etnobotánica y uso medicinal de los vegetales, obtenidos a través de miles de años, que se estarían transmitiendo a una industria a valores que generalmente no tienen correspondencia con las ganancias producidas, aún si en los postulados de los contratos figura el reconocimiento de los mismos. El desarrollo de la genética molecular, la técnica del ADN recombinante y toda la gama de posibilidades que ofrecen las biotecnologías achica cada vez más la diferencia entre recurso genético y recurso biológico. Un extracto o trozo vegetal ya no es solo material orgánico, es también, y principalmente, un conjunto de genes que contienen una información relativamente fácil de extraer. En estos tiempos donde todo tiene precio, todo se compra y todo se vende, donde los países en desarrollo, ricos en biodiversidad, están abundantemente endeudados y en donde la brecha tecnológica entre el Norte y el Sur es cada vez más amplia, los gobiernos se ven tentados a ponerle precio a los recursos vegetales, animales y genéticos presentes en sus territorios de un modo un tanto arbitrario y sin tener en cuenta, la mayoría de las veces qué representa aquello que dan y reciben a cambio. La bioprospección podrá redundar en un beneficio, tanto para el país rico en biodiversidad, como para la comunidad mundial, siempre y cuando se la realice con cuidado. La bioprospección por sí sola no lleva a la conservación de la diversidad biológica, pero puede ayudar. Si la prospección biológica aporta beneficios económicos justos a las comunidades locales entonces la utilización desmesurada de los recursos naturales podría verse desalentada y se habría optado por la alternativa más conveniente para hacer un uso sustentable de la diversidad biológica que se posee. De otro modo estaríamos solamente mercantilizando nuestra naturaleza, incluidos los conocimientos culturales que ella encierra.
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